2022

OBSCENITY

Formato: Para soprano, mezzosoprano, tenor, 2 percusionistas, electrónica en vivo, tape y vídeo
Estreno: Sala Antón García Abril (Zaragoza)
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Forjar un vínculo con el otro que trascienda las reglas de cortesía estándar. Nada de apostar por valores supuestamente civilizados de respeto al otro y de mera condescendencia poscolonial. El verdadero reto consiste en establecer un lazo de sórdida obscenidad compartida” — Žižek.

Creditos: 

Soprano | Sandra Lanuza

Mezzosoprano | Ángela Abraham

Tenor | Marcos Castrillo

Percusión 1 | Daniel Caballero 

Percusión 2 | Adrià Fort

Electrónica en vivo | Alejandro Álvarez

OBSCENITY parte de la obscenidad no solo como exceso, provocación o transgresión, sino como un espacio desde el que pensar formas de vínculo con el otro. Frente a las ficciones de corrección, neutralidad o decoro, la obra explora cómo el humor negro, lo incómodo, lo sexual, la violencia simbólica, las drogas o las distintas formas de opresión pueden operar como materiales de fricción y de contacto, revelando aquello que la cultura civilizada intenta expulsar o mantener fuera de campo.

La pieza se construye como un pastiche saturado de residuos culturales, pulsiones, contradicciones y estratos de sentido difícilmente reconciliables entre sí. En ese sentido, la obscenidad aparece aquí como aquello que emerge desde el reverso de la cultura: desde su basura, sus restos y su estercolero simbólico. La obra no busca depurar ese material, sino exponerlo en toda su crudeza, tensando constantemente la relación entre lo grotesco, lo risible y lo violento.

El texto vocal incorpora, entre otros materiales, la célebre invectiva de Catulo —“Pedicabo ego vos et irrumabo”—, frecuentemente leída como uno de los grandes ejemplos de obscenidad en la tradición literaria occidental. Su presencia no funciona como mera cita provocadora, sino como índice de una genealogía en la que el lenguaje obsceno condensa agresión, deseo, poder, humor y violencia. OBSCENITY se sitúa así en ese umbral incómodo donde la risa, el rechazo y el reconocimiento se entremezclan, planteando la obscenidad como una forma negativa, conflictiva y ambigua de comunidad.